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¿Por qué ÓBOLO es una Empresa B?

¿Por qué ÓBOLO es una Empresa B?

Partamos por el principio…

La producción de bienes o de servicios en el mundo tradicionalmente ha significado el uso excesivo de recursos, la contaminación de aguas, aire o suelos, la producción desmedida de basura, el empobrecimiento o -al menos- estancamiento económico de los pequeños productores de materias primas, etc… Son externalidades de la cadena producción que usualmente no las pagan las empresas ni tampoco los consumidores, sino que el medio ambiente y una parte de la sociedad. Esta fórmula fue aceptada -en mayor o menor medida- desde la Revolución Industrial hasta que, hacia fines de la década del 60, fueron evidentes las consecuencias que estaban teniendo en el equilibrio ambiental del planeta. Surgieron, entonces, grupos cada vez más grandes de científicos, políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos con conciencia ambiental y social que reclamaban y se movilizaban para cambiar las cosas.

Y de a poco, muy de a poco (demasiado de a poco), han ido cambiando. Las manifestaciones de ese cambio son muchas, y una de ellas dice relación con el modelo económico detrás de la producción de bienes y servicios: a principios de este siglo empezó a tomar fuerza la idea de que los procesos productivos no sólo debe evitar el deterioro ambiental y el perjuicio social, sino que deben generar un impacto positivo en ellos.

Comienzan a gestarse, así, las bases de lo que unos años después, en 2007, en Estados Unidos daría origen a las Empresas B: empresas que miden su impacto social y ambiental y que se comprometen de forma personal, institucional y legal a tomar decisiones considerando las consecuencias de sus acciones a largo plazo en la comunidad y el medioambiente.

Hoy las Empresas B forman un movimiento global de empresas que quieren hacer un cambio, utilizando la fuerza de mercado para dar soluciones a problemas sociales y ambientales. Son empresas que quieren contribuir a la construcción de un nuevo modelo económico que equilibra el propósito con las ganancias, para los cual adoptan los más altos estándares de prácticas ambientales, sociales y de gobernanza.

Y entonces, ¿Cómo entra ÓBOLO en todo esto?

Pues, los principios de sustentabilidad ambiental y social son la base valórica de ÓBOLO. Nuestro manifiesto "Elaboramos el mejor chocolate para que tu día se mejor, tu día sea mejor, tu vida más sana y nuestro planeta más sustentable" está cargado de sentido, y las decisiones que tomamos cada día giran en función de él.

Gracias a eso, el año 2019 nos certificamos como Empresa B, pasando a ser el primer -y hasta ahora único- chocolate chileno que tiene esta certificación, pues cumplimos con:

- Compramos cacao nativo directamente a pequeños productores de Pangoa (Perú), en plena selva amazónica, pagándoles un precio ético que suele doblar el valor del cacao convencional trazado el mercado a unos USD 2.500 en promedio. Este valor mercado no se corresponde con la cantidad y calidad de trabajo que llevan a cabo los productores, ni con las cualidades de su cacao orgánico, ni tampoco con sus necesidades como individuos y comunidad. No es un precio justo y no es suficiente para que puedan desarrollarse y conservar -al mismo tiempo- su entorno natural.

- Compramos cacao producido en cultivos agroforestales que permiten la coexistencia de especies nativas y conservación de la biodiversidad original de la selva, de la cual el cacao es parte. Lo contrario ocurre con los monocultivos de cacao extendidos por varios países productores en Latinoamérica y, sobre todo, en los países cacaoteros de África. Este continente, de hecho, produce y exporta el 70% del cacao del mundo, pero lo hace a costa de una huella ecológica enorme que se refleja, en parte, en la desaparición de sus bosques tropicales para dejarle espacio a los monocultivos de cacao. Los monocultivos, de cualquier cosa, se contraponen a la conservación y desarrollo pleno de la biodiversidad, producen desequilibrio hídrico en el suelo y crean ecosistemas altamente vulnerables al cambio climático.

- Compramos cacao cultivado de forma ética, libre de trabajo y esclavitud infantil. Esto que pareciera de perogrullo en los tiempos actuales, en realidad no lo es. Muchos de los cultivos de cacao en África usan el trabajo infantil forzado como práctica habitual, sobre todo los países de mayor pobreza. ÓBOLO, de hecho, es el primer y único chocolate chileno incluido por la ONG Slave Free Chocolate en su lista de empresas de chocolate a nivel mundial.

- Elaboramos chocolate con una huella de carbono significativamente menor a la de otros chocolates industriales que se encuentran en el mercado. Como hemos dicho, la mayoría de los chocolates se elaboran con cacao producido en África, que luego se exporta a Europa para ser procesado y dar vida, por ejemplo, al famoso chocolate belga. Desde Europa se importa a Chile listo para su venta y consumo, o bien en forma de cobertura que acá es reprocesada para obtener el producto final. Ya se imaginarán la huella de carbono de un chocolate cuya materia prima debió viajar tanto. La opción de ÓBOLO ha sido traerlo desde el país productor de cacao que nos queda más cerca: Perú.

- Usamos materiales reciclados, reciclables y/o compostables en nuestros envases. Todas nuestras barras y productos de la línea “cositas ricas” están envasadas en bolsas compostables NatureFlex (NO es plástico), y el resto de los materiales usados en el empaque son cartón Kraft reciclable.

- Por último, hacemos esfuerzos permanentes para fortalecer las capacidades de nuestro equipo de trabajo en Santiago y mantener sus condiciones laborales estables, a pesar de los golpes que puedan recibirse de la crisis económica como la producida por la pandemia (durante todo 2020 y 2021 ÓBOLO no hizo uso de la ley que permitía la suspensión de contrato de sus empleados, sino que los mantuvo a todos con su mismo salario y condiciones). Igualmente, ÓBOLO es un orgulloso empleador de personas con discapacidad intelectual en su equipo (actualmente 1 de sus 7 miembros proviene de Coanil y la idea es seguir trabajando con esa fundación).

Aún tenemos muchos desafíos por delante para avanzar en el camino de nuestro propósito, pero por ahora nos da mucho orgullo poder relatarles las acciones y decisiones que nos han convertido en la única fábrica de chocolate chilena certificada como Empresa B. 

Siempre recuerda que tu decisión de compra sí importa; que todos nosotros en nuestro rol de consumidores podemos ejercer el poder de elegir los productos que mayor impacto positivo tengan en la sociedad y en el medio ambiente. Respecto al chocolate, esperamos que la próxima vez al menos te preguntes de dónde viene su cacao.